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REFLEXIÓN DE UNA ESTUDIANTE PARTICIPANTE EN LA JORNADA
Un viaje a la ciencia
El pasado día 9 de junio, la Real Academia de Ciencias de Sevilla y la Universidad de Sevilla reunieron bajo el lema “El Camino de la Ciencia” a investigadores y estudiantes de doctorado de entrelazadas, aunque distintas, áreas de la ciencia. Un encuentro donde la escucha y el intercambio de ideas recobraron, por un instante, la esencia de sus orígenes. A ojos de una estudiante que inicia el viaje de la carrera investigadora, no existía más gratitud que percibir en la mirada de quienes cruzaron esta etapa, la misma ilusión por compartir ciencia que el primer día. Un camino que, en un lema titulado desde la singularidad, podía escribirse desde la más amplia pluralidad.
Los tres investigadores premiados por la Real Academia Sevillana de Ciencias y Real Maestranza de Caballería de Sevilla enseñaron la tortuosidad de sus caminos, logros, ilusiones y dificultades. Las miradas de sus experiencias dieron respuesta a nuestras inquietudes en las tres etapas de la carrera científica y mostraron la realidad emocionante a la vez que incierta, que suponía abandonar el país de procedencia. En gran medida, la ciencia es aprender a convivir bajo una incertidumbre que, difícilmente, se afronta en solitario. El establecimiento de redes de contacto forma parte esencial en este camino y encontrar esa colaboración, ese equipo o ese mentor hace menos exigente un recorrido que nadie dijo que fuera sencillo. Quizás de entre todos los participantes en aquella jornada, mañana surjan futuros colaboradores, futuros conocidos, amigos. Al fin y al cabo, lograr el intercambio de ideas e interdisciplinariedad requiere de un acto de escucha y humildad intelectual; comenzando por aceptar que existen conocimientos que dialogan en secreto, aunque aún no nos hayamos percatado.
Jóvenes y consolidados investigadores pudimos por un instante establecer un encuentro atemporal y horizontal. Un espacio común para poner en valor la necesidad cuasi imperativa de celebrar los pequeños logros de lo cotidiano. Porque si hay algo que nos mueve como científicos es la ilusión por descubrir. Mantener viva esa pequeña llama hasta en los momentos en los que parece querer apagarse. En poco tiempo, emprendo este viaje a la ciencia, la etapa predoctoral, con la inquietud inevitable de cualquier comienzo y la certeza de escribir mi propia historia. Al final, lo único que perdura es el recuerdo, y el camino se recorre con la única perfección de querer conservarlo siempre en la memoria.
Ana Molina Teba





