MARCO HIDRODINÁMICO GENERAL
PRÓLOGO
El litoral onubense es uno de los lugares preferidos por sevillanas y sevillanos para las vacaciones veraniegas. Playas como Matalascañas o Isla Cristina son destinos frecuentes para el descanso y el disfrute de sus arenas desde junio a septiembre, y especialmente los fines de semana. Sin embargo, estos últimos inviernos han asistido a una notable erosión de estas playas debido, en gran medida, a las tormentas invernales que las asolan.
Esta serie de entradas pretende dar respuesta a los numerosos interrogantes que se plantean sobre su presente y su futuro, que vienen condicionados en parte por su evolución geológica pasada. Se centrará especialmente en la playa de Matalascañas, gravemente afectada por las tormentas Claudia y Francis durante los meses de diciembre de 2025 y enero de 2026
LA EVOLUCIÓN HOLOCENA DE LA COSTA ONUBENSE
La actual fisiografía del litoral entre los ríos Guadiana y Guadalquivir es el producto de miles de años de interacción entre los cambios del nivel del mar, los aportes fluviales y la acción de mareas y oleaje. Hace unos 20.000 años, durante el último máximo glaciar, el nivel del mar se situaba a -120 metros y la costa se encontraba a unos 14 km mar adentro, en relación a su situación actual. A partir de este momento comenzó un deshielo polar que ocasionó la subida del nivel del mar hasta hace unos 6.500 años, durante el llamado Máximo Transgresivo Holoceno o Flandriense. Esa fue la causa de que los actuales estuarios de los ríos Guadiana, Piedras, Odiel-Tinto y Guadalquivir fuesen inundados por el mar (Figura 1). Sus bordes estaban compuestos principalmente por acantilados, sobre los que hoy se encuentran campos de golf o urbanizaciones.

Los siguientes miles de años asistieron a la creación de islas-barrera y flechas litorales, al abrigo de las cuáles fueron cerrándose paulatinamente estos estuarios y se produjo una notable expansión de las marismas interiores. Gracias a ello podemos disfrutar hoy de Reservas de la Biosfera, como las Marismas del Odiel o el Parque Nacional de Doñana. Actualmente, estos estuarios están notablemente colmatados y los ríos anexos han disminuido sus aportes debido al represamiento de sus cauces.
LA DINÁMICA SEDIMENTARIA ACTUAL
La oceanografía regional del litoral de Huelva está influenciada por la corriente geostrófica del Atlántico Norte, que fluye de oeste a este como corrientes de deriva próximas a la costa en esta zona (Figura 2). Esta deriva litoral transporta los sedimentos procedentes de los aportes fluviales y la erosión de acantilados y playas tanto de Portugal como de España hacia el este, teniendo su sumidero final en la gran flecha y cordones dunares de Doñana. La cantidad anual de arena transportada precisaría de nuevas estimaciones, si bien diversas aproximaciones la fijan entre los 180.000 m3 y 300.000 m3 al año.

El régimen mareal, la acción de las olas y las descargas fluviales también influyen notablemente en los procesos hidrodinámicos actuales. El régimen mareal es mesomareal, con un rango medio de 2,15 m. Las olas dominantes asociadas con la circulación atlántica proceden del suroeste, en tanto que los aportes fluviales pueden ser significativos asociados a los meses más lluviosos (Noviembre a Abril).
Este escenario natural fue el causante del crecimiento mencionado de las flechas litorales que cerraron los estuarios en sentido oeste-este y propiciaron la creación de las playas adosadas a acantilados o flechas, de las que hoy disfrutamos. Esta dinámica sedimentaria se ve hoy parcialmente alterada por la construcción de espigones, como el espigón Juan Carlos I, que ha dado lugar a nuevas playas adosadas hacia el oeste, pero que reduce el flujo sedimentario natural desde Mazagón hasta Matalascañas. Este ejemplo es aplicable a cualquier espigón que se pretenda construir en esta zona, que deparará un crecimiento hacia poniente y una erosión hacia levante, debido a la dinámica sedimentaria dominante en sentido oeste-este. Pero otros factores también están incidiendo en su presente y su futuro.
UN PELIGRO RECURRENTE: LAS TORMENTAS INVERNALES
Las tormentas invernales asolan las playas de Huelva entre octubre y abril. Entre 1978 y 2026, un análisis de diversos diarios locales y otros de difusión nacional revela que los episodios tempestíticos que ocasionaron los mayores daños se concentraron en el otoño-invierno de 1978-1979, 1989-1990, 1995-1996, el intervalo 2007-2011, 2017-2018, 2019 a 2021 y 2025-2026 (Tabla 1). En general, y de forma no estadística, se observa que hay una cierta periodicidad de los ciclos más perjudiciales, de forma que hay una recurrencia de 2-3 años solapada con otra de 5-7 años en los últimos 50 años, si bien se observa una tendencia a otoños-inviernos consecutivos de alto impacto negativo en las infraestructuras de las playas a partir de 2007.

Los efectos más reiterativos de las tormentas o conjunto de ellas son la pérdida de arena, la destrucción parcial de los paseos marítimos y el desmantelamiento o inundación de los “chiringuitos”-restaurantes anexos a este paseo (Figura 3). De forma más puntual pueden afectar a estaciones de depuración de aguas residuales, el alcantarillado público o también incluyen daños a edificaciones privadas. Según los datos obtenidos a partir de diarios locales, la cuantía de los daños producidos por los temporales ha aumentado considerablemente en los últimos 35 años en el litoral onubense (1989-1990: 1,3 M€; 1995-1996: >1,7 M€; 2009-2010: 4,9 M€; 2017-2018: 8,2 M€) y se prevé un aumento en el futuro.

Una parte sustancial de estos daños se debe a la colonización urbanística reciente. Las edificaciones sobre cordones dunares impiden la retroalimentación natural de las playas después de estos episodios tempestíticos durante el verano siguiente, a partir de barras submareales próximas procedentes de la erosión invernal, dado que estos edificios sellan las arenas infrayacentes (Figura 4). Como consecuencia inmediata, los paseos marítimos, restaurantes a pié de playa, viviendas o infraestructuras se convierten en frentes erosivos, y muy especialmente en zonas que ya presentan retrocesos históricos significativos.

EL NIVEL DEL MAR, UN FACTOR ADICIONAL A CONSIDERAR
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU realiza periódicamente estudios sobre los cambios del nivel del mar y efectúa proyecciones para los próximos 75 años. Además, la NASA ha publicado recientemente un mapa interactivo para conocer más en detalle las previsiones de subida del nivel del mar por países o zonas. Esta herramienta pronostica un aumento medio para España de 32 cm para 2060 y de 75 cm en 2100 (Figura 5).

Esta subida pudiera parecer poco significativa, pero muchas de las playas onubenses presentan perfiles relativamente planos. Ello implica que un pequeño ascenso permitiría inundar una amplia extensión de una playa, con la consiguiente pérdida de área recreativa asociada. Un ejemplo se ilustra a continuación a partir de un perfil situado al este de Mazagón, donde una subida de 75 cm implicaría una pérdida aproximada de 65 m de playa (Figura 6) y, consecuentemente, un llamativo retroceso de sus acantilados.

CONSIDERACIÓN FINAL: HACIA UNA NUEVA ORDENACIÓN LITORAL
Dice el saber popular que “al pasar de los días nunca te bañarás en la misma playa”. Este conocimiento, fruto de la observación y la experiencia, tiene una base científica fundamentada en la permanente dinámica marina de olas, corrientes y mareas que modelan la posición de la línea de costa y del perfil de las playas. Pero también otros factores, a veces naturales o antropogénicos, dejan su fundamental impronta en este equilibrio dinámico inestable, como es la naturaleza de la roca costera, los aportes fluviales, la longitud y morfología de las playas y sobre todo, hoy en día, las improvisadas o caprichosas actuaciones humanas de diques, espigones, puertos deportivos o de infraestructuras de mayor envergadura como largos espigones para defensa o ampliación de puertos. Estos últimos suelen favorecer un desorden en las corrientes de toda una fachada litoral, modificando las áreas habituales de erosión-sedimentación; en cambio, los primeros, suelen construirse con carácter de urgencia, por los errores generados por las grandes infraestructuras o por invasión constructiva del litoral.
El turismo es un motor económico importantísimo en muchos países, como sucede en España, donde la práctica del “sol y playa” es la principal actividad y fuente de ingresos. Sorprende, por tanto, las enormes inversiones anuales en restauración de playas, tanto de aquellas de origen natural que retroceden su línea de costa, como de las creadas artificialmente en playas rocosas o bien las numerosas construcciones de paseos marítimos, antes inexistentes. El mar reclama lo que es suyo y, en determinadas zonas y ocasiones, lo hace de manera imperiosa y agresiva, con ese término que nos exime de culpa y que denominamos “catastrofes naturales”, cuando la verdadera catástrofe es la arbitraria y caprichosa urbanización y ordenación costera. Lo terrible de todo este encadenamiento de despropósitos es que la reparación de los daños, de forma inadecuada, trae habitualmente nuevos daños en lugares a veces inesperados.
La franja litoral desde el Algarve portugués, en Faro, hasta casi el cabo de Trafalgar en Cádiz posee una naturaleza de arenas y arcillas muy lábiles, fáciles de erosionar y, por tanto, capaces de sufrir rápidos retrocesos, detectables a escala humana. Este larguísimo frente costero es, por tanto, el más sensible a los rápidos retrocesos erosivos y, en el litoral onubense, ha sido evaluado entre 0,5 y 1,5 m/año en los últimos casi 300 años. Es decir, los estudios existen, las evidencias son palpables y cuantificables desde hace muchos años pero, curiosamente, las actuaciones políticas se orientan en sentido contrario, olvidando u obviando las enseñanzas científicas previas.
Cuando estos fenómenos activos de intensa erosión litoral se presentan, la reparación ingenieril suele ser una solución a corto plazo, aunque no definitiva; es más, suele acrecentar el problema y desplazarlo hacia otras zonas, antes en equilibrio o donde dominaba la sedimentación. De todas formas, el proceso de evolución natural ha hecho de este prolongado frente costero una zona preferente de erosión y área fuente de sedimentos, que son transportados paulatinamente de oeste a este, para acabar en el sumidero de la gran flecha-barrera de Doñana y sus grandes cordones dunares, además del prodelta sumergido del Guadalquivir.