MATALASCAÑAS: BELLEZA EN PELIGRO
EL ENCANTO DE MATALASCAÑAS
Un paseo matutino por la playa de Matalascañas nos revela unas escenas marítimo-terrestres llenas de luz y color que transmiten sosiego y relajación. En esta extensión litoral de Doñana se funden el horizonte gaditano, las olas que mecen las barras litorales y la orilla, un acantilado milenario, la torre invertida que la simboliza o los palos que la delimitan. Infinitas fotografías dan fe de esta belleza singular (Figura 1), que vive un presente preocupante.

NACIMIENTO Y DESARROLLO DE UNA URBANIZACIÓN
La playa de Matalascañas inicia su urbanización sobre el cordón de dunas estabilizadas de la flecha de Doñana a partir del tercer cuarto del siglo XX. En este periodo, diversas construcciones aisladas se situaban sobre el acantilado de El Asperillo, como el Rancho Pichilín, mítico lugar de degustación culinaria ya desaparecido por la erosión costera.
Entre 1975 y 1990, el núcleo original situado cerca de la torre de La Higuera se expande notablemente hacia el sureste (Figura 2). Actualmente, la urbanización de Matalascañas se extiende unos 4,8 km desde su faro, al noroeste, hasta los palos que la delimitan del Parque Nacional de Doñana, al sureste.

UNA EROSIÓN EN CURSO: LAS EFECTOS DE CLAUDIA Y FRANCIS
Matalascañas y su entorno están afectados periódicamente por las tormentas invernales, con efectos notables sobre la primera línea de playa. Un ejemplo claro es el otoño-invierno de 2025-2026. En diciembre de 2025, la borrasca Claudia afectó severamente a los sectores de Caño Guerrero y el Pueblo Andaluz. De forma genérica, las escaleras y accesos a la playa de estas zonas han actuado como núcleos para la erosión y desmantelamiento del paseo marítimo colindante, e incluso comienza a verse afectada por colapsos puntuales la zona interna de Caño Guerrero ocupada inicialmente por céspedes y jardines. Una secuencia destructiva puede observarse en la figura 3.

En enero de 2026, la borrasca Francis ha contribuido a la destrucción de una parte sustancial del paseo marítimo situado en Caño Guerrero y la urbanización Pueblo Andaluz adyacente (Figura 4). Hay zonas donde este paseo ha desaparecido y el embate de las olas está amenazando ya a los cimientos de viviendas, como el edificio Alcotán, que ha sido desalojado (5/1/2026).

LA REGENERACIÓN ACTUAL Y EL FUTURO INMEDIATO
En diciembre de 2025 han comenzado las obras de regeneración de la playa de Matalascañas, con una inversión prevista de 6 M€ y el aporte de 700.000 m3 de arena, que proceden en gran medida de su extracción en bancos submareales próximos, mediante dos dragas de 6.000 m3 y 8.000 m3. Además, está prevista la remodelación de 9 espigones. El aporte de arena se está realizando en sentido oeste-este y las nuevas contribuciones sedimentarias se diferencian por su color rojizo, en contraste con los tonos amarillentos de la playa previa (Figura 5).

Los próximos años pondrán a prueba la eficacia de estas y futuras medidas correctoras. En particular, deben efectuarse: i) un replanteamiento urbanístico ineludible de la primera línea de playa; ii) un análisis continuo de las posibles pérdidas de arena o cambios geomorfológicos de la playa por la acción mareal, la deriva litoral y la subida del nivel del mar; iii) un seguimiento de la influencia de los nuevos espigones y los aportes de arena sobre la dinámica sedimentaria de la playa; y iV) una modelización de su posible evolución futura en función de los resultados previos obtenidos.
UNA TENDENCIA CENTENARIA …
Estos episodios erosivos también afectan claramente al acantilado de El Asperillo, adyacente a Matalascañas. Actualmente, las evidencias erosivas de este acantilado son patentes, con la presencia de conos de derrubios, avalanchas y deslizamientos procedentes de la acción de la arroyada y los colapsos gravitatorios, facilitados por las numerosas fracturas de estas arenas poco compactadas, así como por la acción mareal. Todo ello conlleva el retroceso paulatino del acantilado, un fenómeno que comenzó hace siglos o incluso milenios.
A finales del siglo XVI, esta costa era frecuentemente atacada por piratas y corsarios. En 1577, el rey Felipe II ordenó la construcción de una serie de torres almenara desde Ayamonte hasta la desembocadura del río Guadalquivir. Algunas de ellas se conservan tierra adentro, como la Torre del Catalán (Lepe), en tanto que otras han desaparecido o bien sólo quedan restos de su planta cilíndrica original, como la Torre la Higuera, el símbolo de Matalascañas. Ello atestigua que una misma costa puede incluir zonas progradantes hacia el mar y sectores retrogradantes o erosivos.
La Torre la Higuera terminó de construirse en 1638, pero ya en 1739 yacía derrumbada en la playa por los efectos de un temporal, como atestigua un informe remitido ese año por el ingeniero militar Ignacio Salas. Hoy, su célebre base invertida yace en la zona intermareal de Matalascañas a unos 120 m del acantilado (Figura 6), una distancia que permite calcular un retroceso medio del acantilado de El Asperillo en torno a 0,4 m/año en los últimos tres siglos.

…QUE DESTRUYE ESENCIAS
El Rancho Pichilín ha sido un icono de la cultura gastronómica de Matalascañas desde mediados del siglo XX. Situado sobre el acantilado de El Asperillo, generaciones de vecinos y turistas han podido degustar sus pescados y disfrutar de unas excepcionales vistas panorámicas desde su terraza. Desafortunadamente, hoy sólo pueden contemplarse los restos parciales de sus construcciones debido a la notable erosión de este sector en los últimos cinco años (Figura 7).
