El Trío Ibérico de Eclipses 2026-27-28: Belleza sobrenatural y rareza estadística

“La gente espera un eclipse solar total como una curiosidad. No esperan que les conmueva el alma”. Estas palabras de David Makepeace, reconocido “cazador de eclipses” en el mundo de los aficionados a la Astronomía, dejan bien a las claras cómo reacciona el ser humano cuando se encuentra de repente ante uno de los fenómenos más inusuales y sobrecogedores que la Naturaleza puede ofrecernos.

El gobierno español ha publicado en el B.O.E. de 30 de julio de 2025 el Real Decreto 686/2025, por el que se crea la Comisión Interministerial para la preparación, organización y coordinación de actuaciones relacionadas con el Trío de Eclipses 2026-2027-2028. Este curioso texto legal (no es nada habitual que se legisle sobre un evento astronómico) ya nos dice en su preámbulo que España va a ser testigo de un fenómeno astronómico extraordinario. En este breve artículo pretendo presentar este acontecimiento como algo, en efecto, realmente relevante desde dos puntos de vista convergentes: la belleza sobrenatural de los minutos de totalidad, como se denomina la fase del eclipse en que el disco lunar oculta por completo al del Sol, y la rareza estadística que supone que en tres años consecutivos España disfrute de dos eclipses del tipo total (12 de agosto 2026 y 2 de agosto de 2027) y de un tercero anular (26 de enero de 2028).

Estos eclipses van a atraer sin ninguna duda hacia nuestro país a una numerosísima afluencia de personas de todo el mundo (se esperan millones de visitas sólo por esta causa), apareciendo una serie de retos que abarcan aspectos como el transporte, la hostelería, las telecomunicaciones, la seguridad vial o el medio ambiente entre otros, así como de forma muy importante, la prevención de daños oculares en la población; será necesario hacer llegar gafas especiales de eclipse a gran parte de la población y generar formación al respecto.

Todo ello justifica la necesidad de una actuación coordinada de distintas administraciones públicas. Desde el punto de vista turístico, para el primer eclipse (12 de agosto 2026) las reservas y los precios hoteleros en la banda de totalidad han experimentado ya grandes incrementos, y en las comarcas o provincias afectadas, el evento se ha convertido en el principal reclamo turístico para este año. Este fenómeno social, la “fiebre del eclipse”, es bien conocido por haberse repetido en los últimos años allá donde se haya producido un eclipse solar total, como el acaecido en 2024 en Estados Unidos.

No es raro que muchas personas manifiesten que recuerdan haber presenciado algún eclipse solar en su vida, pero la gran mayoría se suelen referir a eclipses solamente parciales, mucho más habituales y que en absoluto alcanzan la majestuosidad y el sorprendente aspecto de un eclipse total. Las últimas veces en las que en España hemos disfrutado de eclipses solares totales fueron en los años siguientes, retrotrayéndonos al siglo XIX: 1860, 1870, 1900, 1905 y 1912. Dado que en 1959 fue el último visible en nuestro país, pero sólo desde las Canarias, podemos afirmar que en la península no hemos presenciado un eclipse solar total desde hace bastante más de un siglo. Por término medio, el tiempo que tarda en repetirse un eclipse solar total en un mismo punto del globo es de 375 años. No habrá otro eclipse solar total en algún punto de España hasta 2053, y será el último en el siglo XXI.

Físicamente, un eclipse total de sol es un fenómeno fácil de entender, y de hecho se estudia en época escolar: la Luna, a pesar de tener un diámetro aproximadamente 400 veces más pequeño que el de Sol, es capaz de ocultarlo plenamente cuando siguiendo su órbita satelital se interpone entre nosotros y el disco solar, gracias a que la distancia del Sol a nuestro planeta también es, y por pura casualidad, unas 400 veces mayor que la distancia Tierra-Luna.

Pero a pesar de la sencillez de la geometría de un eclipse solar total, no podemos limitarnos a su descripción material y olvidar su dimensión sensorial, pues la percepción que tenemos de la naturaleza durante la fase de totalidad escapa a la comparación con cualquier otra manifestación natural y es lo que convierte estos eventos en memorables, como nos testificaría cualquier persona que haya tenido la suerte de vivirlos.

Todo eclipse total comienza lógicamente por una fase de parcialidad, mientras la Luna va ocultando gradualmente al Sol, fase que se prolonga aproximadamente durante una hora. Pero es en los últimos minutos de la parcialidad cuando todo a nuestro alrededor comienza a tomar un aspecto cada vez más irreal: las sombras se hacen más nítidas de lo normal, el color del cielo cambia a un azul oscuro mientras nos envuelve una luz plomiza, misteriosa. La temperatura decae y los animales muestran un comportamiento extraño, a medida que nos aproximamos al momento mágico: entonces vemos llegar a toda velocidad por el horizonte, flotando sobre nuestras cabezas, una ola de oscuridad; es la sombra de la Luna. En el momento en que nos cubre, el Sol cambia su aspecto normal (aunque ya casi completamente eclipsado) por algo desconocido, un Sol que nunca habíamos visto antes: aparece ante nuestros ojos la Corona Solar, la tenue capa más exterior de la estructura del astro rey, en toda su belleza. Como ya dejó escrito Lucio Anneo Séneca en el siglo I: “Cuando el Sol se eclipsa para desaparecer, se ve mejor su grandeza”. El contraste entre el negro del disco lunar y la luz blanquecina de la corona adquiere tintes sobrenaturales.

Coincidiendo con la visión de la corona durante unos minutos, por cierto, los únicos en los que podemos y debemos prescindir de gafas especiales o cualquier otro método de protección, a nuestro alrededor observamos una especie de amanecer o atardecer de 360 grados, debido a que la sombra de la Luna no llega a abarcar todo nuestro campo de visión hacia el horizonte. La oscuridad del cielo provoca que se hagan visibles algunos planetas y las estrellas más brillantes, todo ello en pleno día. La sensación es sobrecogedora, y algo profundo se mueve en nuestro interior.

Ante la posibilidad de presenciar este fenómeno en España en dos agostos consecutivos, los de 2026 y 2027, más el premio de consolación del eclipse anular de enero de 2028, sólo se me ocurre una reflexión: no nos podemos permitir el lujo de perdérnoslos. Porque las primeras palabras que se suelen decir cuando uno tiene la oportunidad de vivir un momento así, son: “¿Cuándo y dónde es el próximo?”

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