Numerosas personas en situaciones médicas cercanas a la muerte o con riesgo inminente para la vida, como por ejemplo durante una parada cardíaca o respiratoria, sufren vivencias subjetivas con algunas características místicas típicas, tales como la percepción de una luz intensa, la sensación de paz interior o la desconexión de la mente del cuerpo. Existen desde hace tiempo descripciones de este tipo de fenómenos, que se denominan “experiencias en la cercanía de la muerte” (ECM), aunque muchas de ellas se basan en datos sueltos y en registros sin rigor ni precisión terminológica. El estudio formal de las ECM ha mejorado en las últimas décadas debido, sobre todo, al desarrollo de las unidades de cuidados intensivos o los servicios de cuidados paliativos en los grandes hospitales, donde abundan pacientes en estado crítico o incluso terminal, atendidos por personal que puede registrar el testimonio, y en algunos casos, parámetros fisiológicos de los enfermos. Las ECM tienen similitud con las alucinaciones sensoriales y cognitivas inducidas por las sustancias psicodélicas y ambos estados son de alto interés neurocientífico, pues muestran capacidades potenciales extraordinarias y poco conocidas del cerebro humano, que no se manifiestan en la vida diaria y que pueden ser aplicables al tratamiento de enfermedades psiquiátricas y neurológicas.
A pesar de avances moleculares recientes, los datos disponibles no explican en su totalidad los fenómenos psicofisiológicos de las ECM. Diversos autores las consideran una manifestación del “más allá” o un indicio de la existencia de mente o conciencia* fuera del cuerpo, lo que naturalmente tiene importantes connotaciones metafísicas y religiosas. Existen numerosos libros y publicaciones recientes en español y otros idiomas en los que desde posiciones filosóficas idealistas/espiritualistas se relacionan las ECM con la existencia de vida después de la muerte. Algunos autores incluso se aventuran a extrapolar conceptos de física cuántica a la neuropatología humana para explicar estos fenómenos. Fue precisamente la llamada hace unos meses de un periodista para preguntarme sobre las ECM, como consecuencia de la publicación reciente de un libro divulgativo, lo que estimuló mi interés por el tema. En esta entrada se describe de forma resumida y divulgativa el estado actual del conocimiento neurofisiológico sobre las ECM.
Experiencias en la cercanía de la muerte y en otros estados que alteran la conciencia. Relaciones mente-cerebro.

Las ECM presentan una fenomenología muy variada que incluye percepciones sensoriales intensas —tales como moverse hacia la oscuridad o hacia un punto de luz brillante— sensación profunda de paz interior y aceptación de la muerte, encuentro con seres incorpóreos y familiares fallecidos e impresión de desplazamiento a otra dimensión o de disgregación de la mente y el cuerpo (Figura 1). Una de las ECM más llamativas es la denominada lucidez terminal, en la que los enfermos —en algunos casos incluso con demencia avanzada y atrofia cerebral— dan muestras antes de fallecer de una recuperación rápida e inesperada de la memoria y la capacidad de comunicación, a veces acompañada de relatos panorámicos de sus vidas. Muchas de las personas que describen ECM lo hacen con conciencia clara e indican que la experiencia no fue un sueño o alucinación sino algo vivido como real. Las ECM se manifiestan de forma parecida en diferentes culturas y producen efectos transformadores duraderos en pacientes que han sobrevivido a las mismas, con incremento de su concienciación social, interés por el sentido y propósito de la vida y pérdida de miedo a la muerte. Por otra parte, en situaciones de ausencia de peligro para la vida, algunas personas son capaces de alcanzar estados de la conciencia especiales, tales como los vividos por médiums, durante la meditación —especialmente a grandes alturas— o con la respiración holotrópica —técnica usada por sus supuestos efectos terapéuticos y basada en la realización de respiraciones profundas a alta frecuencia—, que en muchos aspectos se parecen a las ECM.
El que las ECM puedan ocurrir en estados de supuesta baja actividad cerebral —como durante una parada cardiaca— o, al menos, cuando las bases neurales de la conciencia no están plenamente funcionales, sirve de argumento para defender la existencia de la mente humana fuera del cuerpo. Para algunos autores la perspectiva fisicalista estricta o materialista del mundo, en la que la mente carece de autonomía y de poder causal, no explica los aspectos más esenciales de la existencia y proponen que nuestra verdadera identidad perdura, e incluso alcanza su plenitud, tras la muerte. Una de las obras recientes más conocidas en la que se desarrolla de forma culta este punto de vista es “Science of life after death” (Ciencia de la vida después de la muerte) (Moreira-Almeida, Costa y Coelho, 2022) publicada por la editorial Springer Nature. Igualmente, y coordinado por estos mismos autores, la revista “International Review of Psychiatry” dedicó en 2025 un número monográfico titulado “Mind beyond the brain: evidence, hypotheses to be tested, and research proposals” (Mente más allá del cerebro: evidencia, hipótesis comprobables y propuestas de investigación), con varios artículos, algunos radicalmente idealistas, que analizan los datos existentes sobre las ECM y otros estados especiales de la conciencia en diferentes épocas históricas y culturas (Moreira-Almeida y cols. 2025). En uno de estos artículos se propone el análisis de los fenómenos llamados parapsicológicos —telemetría, telepatía y otros— como forma de acercarse al estudio de la autonomía de la mente y las relaciones mente-cerebro (Cardeña, 2025).
Aunque las bases moleculares y celulares de las ECM y otros estados no comunes de la conciencia no se conocen con detalle, tampoco existen datos científicos, reproducibles bajo estricto control experimental, que apoyen la existencia de mente humana fuera del cuerpo o vida biológica después de la muerte. Independientemente de las creencias religiosas de los investigadores, para la neurociencia actual la mente humana no es autónoma, sino que emerge de la actividad del sistema nervioso central. Algunos datos sobre lucidez terminal descritos en ausencia completa de actividad cerebral se han visto posteriormente contradichos por estudios en los que en circunstancias parecidas se registró una actividad electroencefalográfica clara. El abordaje científico de las ECM es muy complejo, por su propia naturaleza y la situación de las personas que las sufren, y por la ausencia de modelos animales adecuados. La similitud de las ECM y otros estados anormales de la conciencia con las alucinaciones sensoriales y cognitivas inducidas por las sustancias psicodélicas ha abierto un campo de investigación de interés creciente. En ambos casos (ECM y experiencias psicodélicas), la falta de oxígeno (hipoxia) y nutrientes en el cerebro podría ser uno de los factores determinantes que conducen a la reconfiguración de circuitos cerebrales o activación de circuitos dormidos, causantes de la restauración cognitiva o la distorsión de la conciencia características de estos estados.
Los fármacos psicodélicos, la hipoxia y la plasticidad cerebral.
Las sustancias psicodélicas, tales como la psilocibina, el ácido lisérgico (LSD) o la dimetiltriptamina entre otras, son productos naturales de hongos y plantas que se han utilizado desde la antigüedad en ceremonias rituales de índole religiosa o mágica para explorar la conciencia y facilitar estados visionarios o alucinatorios. Estos agentes, o sus derivados sintéticos, inducen experiencias subjetivas, como la disolución del yo, encuentros con entidades o alteraciones perceptuales que en muchos aspectos se parecen a las ECM. Aunque el consumo sin control de las sustancias psicodélicas puede producir brotes psicóticos y otras alteraciones graves de la personalidad, su uso bajo prescripción médica ha mostrado tener efectos beneficiosos en patologías psiquiátricas como la ansiedad, la depresión o la drogadicción refractarias a otras terapias. Las sustancias psicodélicas tienen una capacidad extraordinaria para inducir modificaciones en la estructura y conexiones del cerebro. Se ha descrito que una sola sesión de psilocibina puede producir mejorías duraderas en la depresión o la ansiedad.
Experimentos en modelos animales han mostrado de forma consistente que las sustancias psicodélicas incrementan la producción de neuronas en algunas áreas neurogénicas del cerebro, el número de espinas dendríticas y las conexiones (sinapsis) entre neuronas. Las sustancias psicodélicas activan diferentes sistemas de neurotransmisión cerebral, especialmente los mediados por serotonina (5-hydroxytriptamina), y la producción de factores tróficos que remodelan el sistema nervioso. Casi todos los efectos alucinatorios y visionarios de estas sustancias se previenen si se administran fármacos (como la ketanserina) bloqueantes de los receptores serotonérgicos 5-HT2A. Estudios de neuroimagen funcional en pacientes —usando escáneres de resonancia magnética nuclear o tomografía por emisión de positrones— muestran claramente que las experiencias subjetivas inducidas por las sustancias psicodélicas coinciden con una disminución del flujo sanguíneo cerebral en zonas tales como la corteza prefrontal medial, corteza parietal y corteza cingular posterior, entre otras, que forman parte de un amplio circuito cerebral denominado “red neuronal predeterminada o por defecto (RND)”. Esta red está activa durante el estado normal de vigilia en reposo, cuando el individuo no presta atención al mundo exterior o a las aferencias sensoriales y está centrado en sus pensamientos (como repasar recuerdos e imaginar escenarios) y reflexiones. La RND es esencial para la creatividad, la construcción de la identidad y el mantenimiento de la memoria autobiográfica. Se ha propuesto que las sustancias psicodélicas actúan sobre los receptores 5-HT2A presentes en los vasos cerebrales, produciendo vasoconstricción, disminución del flujo sanguíneo e hipoxia y activación aberrante de las áreas corticales indicadas (Zhang y cols. 2025; Martial y cols. 2025).

Los estados alterados de la conciencia similares a las ECM, inducidos por las sustancias psicodélicas o por la respiración holotrópica, la meditación durante la estancia a grandes alturas o la lucidez terminal en enfermedades degenerativas, parecen todos ser consecuencia de la falta de riego (isquemia) cerebral transitoria. Las situaciones que producen respiración agitada, especialmente en atmósferas enrarecidas, cursan con disminución excesiva de anhídrido carbónico en la sangre lo que causa contracción de los vasos sanguíneos e hipoperfusión cerebral. En proporción a su peso, el cerebro es el órgano del cuerpo que recibe mayor riego sanguíneo y consume más oxígeno, necesario para que las células obtengan la energía que usan en la génesis y mantenimiento de la actividad normal del sistema nervioso central. Sin embargo, y paradójicamente, la deprivación de oxígeno de forma transitoria puede estimular la adaptabilidad neuronal, promoviendo estados alterados de la conciencia y enriquecimiento cognitivo. De hecho, el efecto psicotropo y estimulante de la plasticidad cerebral de la hipoxia, aplicada de forma intermitente y bajo control médico, se utiliza experimentalmente en pacientes con enfermedades mitocondriales, ictus o patologías neurodegenerativas (Figura 2). En muchos casos de parada cardiaca con disminución global del riego cerebral o en modelos animales sujetos a asfixia se ha descrito la presencia de actividad electroencefalográfica enriquecida. Se ha sugerido que en estas circunstancias se liberan sustancias psicodélicas endógenas, como la dimetiltriptamina supuestamente producida por la glándula pineal, aunque este dato no ha sido confirmado experimentalmente. Sí está bien demostrado que las reducciones severas del flujo cerebral producen la liberación masiva de neurotransmisores (serotonina y otros), que son los causantes de las alteraciones de la conciencia (Zhang y cols. 2025; Martial y cols. 2025).
El modelo neurofisiológico de las ECM. Avances y limitaciones.
Las ECM se explican en gran parte por una cascada de fenómenos neuroquímicos, neurofisiológicos y psicológicos inducidos por la disminución generalizada o localizada del riego cerebral. La falta de aporte de oxígeno y nutrientes (sobre todo glucosa) provoca una disminución en la producción de energía necesaria para mantener las propiedades eléctricas de las neuronas. Ello conlleva la pérdida del control fino en la función neuronal y la liberación masiva de neurotransmisores, que a su vez producen vasoconstricción y mayor disminución del riego cerebral, así como la activación anormal de los circuitos neuronales en áreas asociativas de la corteza cerebral (Martial y cols. 2025). Uno de los neurotransmisores mejor estudiado en este contexto es la serotonina, que como se indicó anteriormente alcanza niveles particularmente altos en condiciones de isquemia cerebral o asfixia. La unión de la serotonina a receptores 5-HT1A, expresados en sitios específicos del cerebro, es posiblemente responsable de la sensación de calma y paz interior característica de las ECM. A este proceso contribuye la liberación de neurotransmisores inhibitorios como el ácido gamma-aminobutírico y neuropéptidos como las encefalinas. Por otra parte, la unión de la serotonina a receptores 5-HT2A, expresados en neuronas de la RND y en los vasos sanguíneos, es la causa más determinante de las alucinaciones sensoriales y cognitivas. El sentido de hiperrealidad típico de estas alucinaciones puede explicarse por la secreción de dopamina. Igualmente, las expresiones de recuperación de la memoria o recuerdos podrían deberse a la liberación de otros transmisores como noradrenalina, glutamato y acetilcolina. Las personas que sufren ECM podrían tener algunos rasgos psicológicos característicos predisponentes, como por ejemplo la tendencia a experimentar estados de disociación no patológicos como el “soñar despiertos” o la tendencia a entrar en estados mentales enfocados hacia fantasías internas. Algunos consideran las ECM como un tipo de despersonalización defensiva en respuesta a una situación de peligro extremo. Desde la perspectiva evolutiva, las ECM se contemplan como la expresión en el hombre de los mecanismos de defensa aparecidos en los seres más primitivos (quietud e hipotonía) para afrontar situaciones de emergencia amenazantes para la vida.
Aunque muchos de los rasgos fenomenológicos de las ECM y otros estados anormales de la conciencia tienen una base neurofisiológica, el conocimiento de estos fenómenos es todavía limitado. Existen descripciones de ECM durante la anestesia profunda o en situaciones con aparente falta de actividad electroencefalográfica documentada que son, por el momento, de difícil explicación. En cualquier caso, las ECM son fenómenos complejos, sorprendentes y fascinantes, que ponen de manifiesto capacidades extraordinarias de nuestro cerebro cuya compresión representa un reto para la neurociencia actual.
* De acuerdo con la RAE, se usa la palabra “conciencia” no solo en su sentido moral sino sobre todo como expresión de la capacidad para conocer la realidad, a uno mismo y las modificaciones que se experimentan.
Referencias y lectura complementaria
Moreira-Almeida A, Costa M y Coelho S. Science of life after death. Springer Briefs in Psychology, 186 págs. Springer, Berlín-Heidelberg, 2022.
Moreira-Almeida A, Costa M y Coelho S. Mind beyond the brain: evidence, hypotheses to be tested, and research proposals. International Review of Psychiatry 2025; 37(2): 67-71.
Cardeña E. What psi research can -and cannot- say about “mind beyond the brain”. International Review of Psychiatry 2025; 37(2): 115-119.
Zhang J, Xiubo D, Li X, Lv X y Wang X. Hypoxia, psychedelics and terminal lucidity: A perspective on neuroplasticity and neuropsychiatric disorders. ACS Pharmacology and Translational Science 2025; 8(9):2848-2854.
Martial C, Fritz P, Grosseries O, Bonhomme V, Kondziella D, Nelson K y Lejeune N. A neuroscientific model of near-death experiences. Nature Reviews Neurology 2025; 21: 297-311.
1 comentario en “Experiencias cognitivas en el umbral de la muerte”
Enhorabuena al Prof López Barneo. Un resumen fantástico que nos pone a pensar a todos como académicos y científicos de al margen de las creencias y nuestra propia conciencia