Una creencia muy extendida es que en los países civilizados las tiñas son enfermedades que han quedado en el pasado y que afectan solamente a personas de estratos sociales bajos o de áreas subdesarrolladas. Pero en los últimos años la prensa y la televisión nos alertan del incremento en nuestro país de casos de tiña de cabeza en jóvenes que, siguiendo las modas de peinado, se afeitan regularmente las regiones temporales y occipital de la cabeza en peluquerías denominadas de low cost, contagiándose debido al uso de instrumental deficientemente desinfectado.
Los hongos
Las tiñas o dermatofitosis son enfermedades contagiosas producidas por hongos, que se transmiten entre personas o entre animales y el hombre, que se desarrollan en el pelo, uñas o piel, en cuyo caso suelen denominarse micosis. Son más frecuentes en niños y personas inmunodeprimidas que en el resto de la población. Sus agentes causales son hongos de la familia Artrodermatáceas, cuyo aparato vegetativo o micelio está formado por hifas tabicadas. En la mayoría no se conocen fases sexuadas, sino que presentan una fase asexuada o anamórfica productora de conidiósporas, que cuando se dispersan y caen en el medio apropiado producen nuevos micelios, siendo esta la causa de contagio de este tipo de enfermedades, que está facilitado por el contacto directo entre personas sanas con animales o personas afectadas por la enfermedad. De alguno de estos hongos se conoce también la fase sexuada, lo que ha permitido situarlos en la clase Ascomicetos, a la que taxonómicamente pertenecen.
Estos hongos tienen en común el ser queratinofílicos, esto es, que se desarrollan sobre sustratos ricos en queratina, una proteína fibrosa de la que forma parte la cisteína, un aminoácido azufrado. La queratina forma parte de la piel, el pelo y las uñas del hombre y otros mamíferos, de los cuernos de los bóvidos, de las plumas de las aves y de la ranfoteca del pico de aves y tortugas. Pueden utilizar la queratina como fuente de materia orgánica porque sintetizan queratinasa, el enzima que la hidroliza.
Los sustratos
Los sustratos sobre los que se desarrollan la tiñas en el hombre son la piel, el pelo y las uñas. La piel forma la cubierta externa del ser humano. Constituye una capa córnea que impide la pérdida de fluidos corporales y protege a los tejidos subcutáneos de la desecación y de la entrada de elementos, incluida el agua, muchos de los cuales pueden ser perjudiciales, como determinados compuestos tóxicos y posibles microorganismos invasores. Está formada por tres capas: epidermis, dermis e hipodermis o sustrato basal. La epidermis, superficial, presenta una capa más profunda formada por células cuya misión es formar por división mitótica queratinocitos o células ricas en queratina, que son empujados hacia el exterior hasta formar la capa más superficial, o capa córnea, de células cargadas de queratina y desprovistas de núcleo. Los queratinocitos y la capa córnea son los sustratos idóneos para el desarrollo de los hongos causantes de diversas micosis o tiñas de la piel.
En el pelo se distinguen dos partes: la raíz o bulbo piloso, en el que se forman los queratinocitos del pelo, y el tallo o pelo propiamente dicho. Éste está formado por células muertas queratinizadas y sin núcleo, que se disponen entres estratos: una cutícula exterior formada por varias capas de células desprovistas de pigmento, una corteza de queratinocitos pigmentados, que constituye la mayor parte del grosor del pelo, de la que depende su resistencia, y un núcleo o parte central pigmentada o no, de células escasamente queratinizadas. Todas las partes del pelo pueden servir de sustrato para el desarrollo de las tiñas propiamente dichas.
Las uñas son estructuras especializadas formadas por queratina dura, que en la especie humana cubren la parte dorsal del extremo de los dedos de manos y pies. Crecen por división de células nucleadas que forman la matriz de la uña, situada en la parte más profunda de su raíz, que está protegida por un pliegue de la piel, que protege igualmente sus partes laterales. Las células que se van formando son empujadas hacia afuera, van perdiendo el núcleo y cargándose de queratina, para formar la placa de la uña. Son un sustrato excelente para los hongos productores de onicomicosis o tiñas de las uñas.
Dermatofitosis antropofílicas
Las dermatofitosis humanas están producidas por diversas especies de los géneros Epidermophyton, Microsporum y Trichophyton. Producen tiñas y micosis en la cabeza, barba y bigote y en otras partes del cuerpo desprovistas de pelo o con escasa presencia del mismo, como tórax, brazo, manos, pies o ingles, en las que forman calvas o manchas de contorno más o menos circular, ya que el micelio del hongo va creciendo más o menos concéntricamente en todas las direcciones a partir del punto de infección.
Alguno de estos dermatofitos son prácticamente ubiquistas, como Trichophyton rubrum, que crece en cualquier parte del cuerpo salvo en la cabeza, o T. tonsurans, el productor de tiñas más frecuente y causante del incremento actual de estas afecciones entre los jóvenes, como se ha indicado anteriormente; ha sido además el causante de algunas epidemias de tiña acaecidas en algunos colegios en los últimos años. Algunos de estos hongos utilizan sustratos más limitados, como T. mentagrophytes var. interdigitale, que se desarrolla en las uñas y en los espacios interdigitales de los pies (pie de atleta).
Dermatofitos zoofílicos
Pero la mayoría de los dermatofitos son zoofílicos, esto es, propios de los animales, pero que pueden ser transmitidos al hombre. El más importante es Microsporum canis, de perros y gatos, que se encuentra también en caballos y conejos y se ha detectado en el ganado vacuno, ovejas, cabras y cerdos; en el hombre produce tiñas en la cabeza, barba, cara, cuerpo, pies, manos y uñas. Le sigue en importancia Trichophyton mentagrophytes (excluida la var. interdigitale, exclusivamente antropofílica), propia de roedores y conejos, pero que se ha detectado también en perros, gatos, caballos, cerdos y otros animales; se contagia a los humanos, produciendo tiñas en la cabeza, cuerpo, ingles, pies, manos y uñas. T. verrucosum es el dermatofito más común en el ganado vacuno, aunque se encuentra ocasionalmente en caballos, burros, perros, cerdos, conejos y ratas; se contagia a la especie humana por contagio directo con el ganado, produciendo tiñas prácticamente en cualquier parte del cuerpo; no se ha detectado en uñas. T. persicolor es propio de roedores, pero se encuentra también en perros, conejos y cerdos; el el hombre produce tiñas en el pelo, cuerpo y extremidades. T. equinum, por último, propio de los caballos, solo se ha detectado en Europa en seis ocasione entre 1951 y 2008, en niños que han estado en contacto con caballos; en la especie humana produce tiñas en diversas partes del cuerpo, salvo en las uñas.
Tratamiento
Las dermatofitosis se tratan sobre todo con medicamentos de uso tópico, como el clotrimazol, el miconazol, el ciclopirox, el econazol y la terbinafina, que inhiben la síntesis del ergosterol, componente esencial de la pared celular de los hongos, lo que impide su crecimiento. En las dermatofitosis graves, se pueden prescribir antimicóticos de uso oral, como la griseofulvina o el itraconazol.
Referencias complementarias
García, M.E. & Blanco, J.L. (2000). Principales enfermedades fúngicas que afectan a los animales domésticos. Rev. Iberoam. Micol. 17: 52-57.
Pickler, A.R. (2013). Dermatophytosis (Ringworm, Tinea). [Descargado de http://www.cfsp.iastate.edu/DiseaseInfo/factsheets.php] (Consultado el 1-5-2025).
Weitzman, I. & Summerbell, R.C. (1995). The dermatophytes. Clinic. Micro biol. Rev. 8(2): 240-259
Imagen destacada: Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos, óleo de Bartolomé Esteban Murillo en el Hospital de la Caridad de Sevilla.